“Funes, el memorioso” de J. L. Borges

Funes el memorioso de Borges no es solo una metáfora del insomnio como dijo el autor, es una parábola de la memoria humana a través de un personaje excesivo, cuando esta capacidad se proyecta al infinito, y una reflexión sobre el pensamiento: “Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer”. Ante la pretensión de Irineo Funes de crear un vocablo para cada objeto, para cada matiz y hora del día del mismo, para cada número, el propio protagonista anota: “Mi memoria es un vaciadero de basura”.
Cuando el autor entra en la estancia donde Ireneo reposa insomne y tullido después del accidente que lo ha sumido en la postración pero gracias al que su capacidad para recordar se ha tornado ilimitada, lo oye recitar un capítulo de la Naturalis Historia sobre los hombres de memoria prodigiosa.
En el fondo, Irineo Funes es un ordenador humano, se asemeja más a la inteligencia artificial, a una máquina sin capacidad para discernir, cribar, seleccionar, discriminar lo que los sentidos captan. Irineo, que muere joven con apenas veintiún años, es una víctima del exceso de su memoria superlativa.

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